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Título: Carape, el último juglar de San Millán
Clasificación: Romerías
Localidad: San Millán de La Cogolla
Informantes: Santiago Manzanares Armas (n. 1938), Antonio Lerena Reinares (n. 1952) y Justo Lerena Ceniceros (n. 1941).
Recopilador: Javier Asensio García
Lugar y fecha de recogida: San Millán de La Cogolla, 12 de junio de 2010
Catalogación del cuento del zurrón colgado: Aarne-Thompson 759B, El santo tiene su propia misa.

 

Hasta hace unas décadas, los romeros subían desde el pueblo de San Millán hasta los corrales de Urre en caballerías, ahora lo hacen en coches. Después de bajar de la ermita del santo y antes justo de preparar la comida tenía lugar un acto que venía repitiéndose de antiguo: El sermón de San Millán. El lugar era el mismo en el que hoy se come, las Cocinas del Santo, una serie de asaderos en los que las distintas familias del pueblo se colocan desde tiempo inmemorial. Su disposición, vista desde el cielo, forma una Tau. Una de esas cocinas o asaderos es la del ayuntamiento, donde se juntan los romeros tras bajar de la ermita a tomar el aperitivo. Ahí mismo tenía lugar el sermón del santo. Un hombre montado encima de una caballería pronunciaba pasajes de la vida de San Millán. El último en hacerlo fue Antonio Gómez Hervías, más conocido como Carape, que recogió el testigo de una tradición secular y en cuyos sermones clamaba porque esa tradición no se perdiera. Tras cuarenta años sin celebrarse, un nuevo vecino ha recogido el testigo de Antonio.

 

Carape

Fotografía: Cortesía de Teodoro Lejarraga.

Los hagiógrafos de San Millán siempre han combinado las fuentes escritas con las orales. El primero de ellos, San Braulio (siglo VII), se inspiró en lo que oyó, pues no fue coetáneo a San Millán. Gonzalo de Berceo en su Vida de San Millán de la Cogolla bebió de los textos de San Braulio y supo combinar esos textos latinos con la tradición oral de su época. Los sencillos hombres del pueblo de San Millán que durante siglos declamaban la vida del santo subidos en una caballería siguieron combinando magníficamente los pasajes escritos de la vida del santo de la Cogolla con la más pura tradición oral. Porque antes que Carape hubo otros de los que aún se guarda memoria aunque sus sermones no aparezcan. Este sermón de Carape es digno de ser analizado como un producto literario que hermana la cultura oral con la escrita. Vemos en él el viejo recurso juglaresco de pedir vino antes o en medio de una disertación. Carape echa mano de un brindis tradicional. Es la misma argumentación de Gonzalo de Berceo antes de fer una prosa en román paladino. Es el mismo argumento del juglar de la Edad Media que ante un auditorio popular y antes de cantar las hazañas del Cid pide una prenda para pagarse una consumición de vino:

El romanz es leído (dicho) dat nos del vino:
si non tenedes dineros echad allá unos peños (prendas)
que bien vos lo darán sobr’ellos.

Carape introduce en la narración de la vida del Santo un cuento de la más rancia solera tradicional: La bondad del pastor que ha vivido toda su vida en pobreza queda probada cuando baja a la sede episcopal y deja colgada su alforja sobre un rayo de sol que penetra por las cristaleras de una ventana. Millán, que nunca antes habría visto una ventana, cree que ese rayo estaba ahí para colgarla. Cuando el asistente del obispo ve el prodigio de la alforja suspendida en el aire, se da cuenta de la santa candidez del rústico pastor. Clasificación del cuento: CCH 759B «El hombre puro tiene su propia misa».

Antonio Gómez Hervías nació hacia el año 1890. Subía todos los años en romería hasta la cueva del Santo, no en caballería, como hacían los demás romeros, sino andando los ocho kilómetros que separan el pueblo de la ermita. Se tomaba tan a pecho la romería y su papel de juglar que un año en el que algunos romeros fumaron dentro de la ermita dejó de echar el sermón.

Afortunadamente, y pese a la deficiencia del sonido, alguien grabó su voz hacia el año 1970 y evitó que este testimonio se perdiera para siempre. Reproducimos en este artículo los primeros cinco minutos del último sermón de Carape, con su propia voz. Y seguidamente el texto completo.

 

SERMON DE LA ROMERIA A LA ERMITA DE SAN MILLAN DE LA COGOLLA

Sermón preparado por Antonio Gómez Hervías Carape, para la romería a la cueva del Santo. Su oficio labrador, hijo del pueblo de San Millán de la Cogolla.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Cuando uno se dispone a hacer una obra buena, lo primero que debe hacer es persignarse, por lo menos santiguarse, hacer la señal de la cruz. Ese es el deber de todo buen cristiano.

Respetable cura párroco, reverendos Padres Agustinos, Ilustre Ayuntamiento, Guardia Civil, forasteros que nos honran con su presencia, todos mis queridos romeros.

Voy a echar un breve discurso, a aconsejaros, a hablaros algo de la vida de San Millán.

Poco os podré decir. No soy ningún orador. Todos me conocéis. Si alguna palabra os dirijo que no os agrada o os ofendiera, os las diré de corazón y con buenos sentimientos.

Ya me perdonaréis, así lo espero. Prestadme vuestra benévola atención. Perdóname San Millán bendito mi atrevimiento y osadía en este día memorable para cantar tus alabanzas. Mi lengua es pobre, escaso mi entendimiento para loar tus virtudes. Ayúdame San Millán bendito a aconsejarles, a hablarles de tus glorias y tus virtudes. Que mis palabras las recojan con cariño los corazones de estos mis queridos romeros. Mi corazón está emocionado, entusiasmado, gozoso de alegría al veros reunidos aquí en este sitio como en años anteriores y os pregunta: ¿A qué habéis venido? Y ya lo sabe. Vuestros corazones humildes y sencillos le contestan: Nos preguntas a qué hemos venido. Hemos venido, hemos subido a esa cueva a visitar a nuestro patrón San Millán, a pedirle dé salud a nuestras familias, mejore a los enfermos, nos guarde el ganado, nos cuide las cosechas que tenemos en el campo para poder sostenernos y poder alimentarnos.

Muy bien, queridos romeros. Yo os felicito, os doy la enhorabuena por esa obra tan grande, tan buena, que habéis hecho de subir a visitar, a darle gracias por los favores recibidos a nuestro patrón San Millán.

Pero creed, tened entendido que es un deber que tenemos. Nos lo enseñaron nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros antepasados. ¡Qué fe tenían ellos en nuestro patrón San Millán! Y nosotros, queridos romeros, la debemos de tener puesto que así nos enseñaron.

Que haya todavía desgraciados que no comprenden ni entienden lo suficiente para subir a visitarte como tú te lo mereces. No sólo es culpa de ellos, también de sus padres, sus madres o sus mujeres que no aconsejan ni animan hasta poder convencerles para subir a visitarte aquí.

Pero, San Millán bendito, ten piedad y compasión de ellos, que son unos desgraciados, aunque ellos no lo merecen. Padres que me escucháis, enseñad, aconsejad, inculcad en el corazón de vuestros hijos sigan vuestras costumbres y que no dejen de subir todos los años en la romería a visitar, a darle gracias por los favores recibidos a nuestro patrón San Millán.

Y si alguno de los que me escuchan o yo nos apartamos, nos alejamos del buen camino, San Millán bendito, ten piedad de nosotros, ayúdanos, ilumina nuestro entendimiento y guíanos por el camino de nuestra salvación.

Para seguir la jornada
continua en mi camino,
para poder llegar a mi destino,
necesito que me deis
de la bota un poco vino:
Bota que fuistes chota
viniste por estos montes berreando
pues del vientre de tu madre
las tripas te voy sacando.
Arriba la bota.
Las grandezas de esta tierra
es beber el vino en bota,
asar chuletas en el campo,
cantar y bailar la jota.
El cura que haga de cocinero,
el alcalde de sirviente,
y el alguacil que les diga
que sirvan bien a esta gente.

 

El alguacil que haga de alcalde. Matías, el pastor de las vacas, de secretario, y yo haré de alguacil. Y ya está todo arreglado. Estando así arreglado estaba arreglado bien. Porque todas las cosas nos saldrían al revés. Nos pasaría como al herrero Quintanapalla, que martillando se le olvido el oficio, o al sastre que cortó tela para hacer una capa y le salieron unas alforjas. Así nos saldrían a nosotros las cosas. Os hablaría algo del herrero y del sastre, pero lo dejaré, iré al grano.

Ahora quiero hablaros algo de la vida de San Millán, pero antes necesito los auxilios de la divina gracia poniendo por intercesora a la serranita María Virgen de Valvanera, a quien todos reverentes la saludaremos con las palabras del ángel: Dios te salve María llena eres de gracia.

San Millán nació el año 473. Nació en la dehesa, en una cabaña. En aquel entonces la dehesa pertenecía a Berceo. Hoy llamamos la dehesa de Suso.

Catorce siglos ha que San Millán andaba por las laderas de Suso al cuidado de unas ovejas. Un humilde pastorcillo que el mundo no ha olvidado. Tenía un instrumento llamado cítara o rabel. Durante el día se entretenía en tocar la cítara delante de sus ovejas. Por la noche en rezar y pedir al Señor.

Un día quedóse dormido. Tuvo un ensueño en el que soñó que dejara a sus ovejas  y accediese a una vida más elevada, a una vida más grande.

Y allá, en el castillo de Bilibio, cerca de Haro, que existía, vivía un hombre, un pobre ermitaño. Se llamaba Felices, maestro de la fe. El Señor lo despertó. San Millán deja sus ovejas. Marcha, va en busca de él. Lo encuentra. San Felices lo recibe y él lo coge por su maestro, para que le enseñara y lo guiara.

Una vez instruido con sus enseñanzas, San Millán quiere seguir el camino de la santidad, quiere retirarse del mundo y de los hombres. Para ello viene a ocultarse en estos montes Distercios, en esa cueva que nosotros hemos visitado, para de ese modo estar más seguro y dedicarse mejor al servicio del Señor, en la que castigaba su cuerpo sin piedad y hacía rigurosas penitencias, pero siempre con su fe en el Señor, en la que vivió por espacio de cuarenta años, sin temor a los rigores del calor del verano e inviernos crudos y fríos, a nieves, hielo ni ventiscas, sin más abrigo para su cuerpo que la ropa de vestir. Para su descanso, lecho para dormir en el risco.

Si estas aguas hablaran, estos montes, estos riscos, cuánto podrían contarnos de ti, San Millán bendito. San Millán, queridos romeros, no dudéis, San Millán hubiera muerto de hambre o de frío. Pero San Millán no moría, San Millán vivía, San Millán tenía mucha fe. Pedía, oraba al Señor. Él estaba con el Señor, el Señor estaba con él. Lo amparaba, lo protegía y lo defendía. Por mediación del Señor, tuvo noticias el señor obispo de él. En aquel entonces pertenecíamos al obispado de Tarazona. Hoy pertenecemos al obispado de Calahorra.

San Millán fue andando. Entra a hablar con el señor obispo. Este lo ordena de sacerdote y lo nombra, lo elige cura de su pueblo, cura de Berceo.

Siendo cura de Berceo, era un cura ejemplar. Hacía muchas limosnas, Todo lo que tenía lo repartía con los pobres. Lo calumnian, lo denunciaban ante el señor obispo diciendo que vendía la ropa de la Iglesia. Dídimo, obispo de Tarazona, lo vuelve a llamar. San Millán fue andando con unas alforjitas al hombro. Llega a Tarazona y para entrar a hablar con el señor obispo, entraban los rayos del sol por los pilares de una ventana, San Millán colgó las alforjas en los rayos del sol.

Por curarse en salud y por la envidia éste le reprende privándolo de su curato. Y San Millán, como era tan humilde, se retira. Pero el portero guardián de la casa presenció el milagro y le dijo que qué cura era el que había marchado, que había colgado las alforjas que llevaba, las había colgado en los rayos del sol. Le dice que corra a alcanzarle y que le diga que vuelva. Corrió a alcanzarlo. Lo alcanza. Le dice que vuelva, que quiere volver a hablar el señor obispo con él. Dídimo estaba escondido detrás de una puerta y por los agujeros estaba presenciandolo todo. Y volvió, y volvió a colgar las alforjas en los rayos del sol. Entonces entra y Dídimo le dice, le dice que de todo lo que a él le ha dicho, de todo lo que le ha reprendido que estaba dispensado y perdonado, que ya veía que era una calumnia, que tenía más poder que él y que podía hacer y deshacer lo que quisiera, que tenía más poder con el Señor en la tierra que él, que lo que había hecho, no lo podía hacer él.

Pero San Millán, como era tan humilde y era ya viejito, se retiró a Suso a pasar el resto de su vida. Este monasterio fue fundado por San Millán y es considerado como el más antiguo de España.

Un poco antes de llegar al monasterio hay un pilar de piedra con una cruz de hierro que vosotros habréis visto. Yo la conocí derecha, después la conocí rota y torcida. Se conoce que quisieron quitarla y no pudieron. Y hoy se conoce que ha habido algún bienhechor o bienhechores que han mandado arreglarla y la conozco como era antiguamente. En las piedras del pilar hay unas letras que dicen: Aquí venció San Millán visiblemente a Satán. A él le salió a su encuentro para tentarle. San Millán se puso en oración al Señor y fue tanta su insistencia para que cayera en la tentación que tuvo que luchar cuerpo a cuerpo, con el cuerpo a cuerpo. Y San Millán lo venció. San Millán, con su ejemplo, nos enseña que con fe y oración, ayuda el Señor y se vence la tentación.

San Millán fue coetáneo de San Benito. Organizó la orden benedictina de la que salieron muchos santos y santas. Os mencionaré algunos. De ellos fueron San Nonato, San Sofronio, San Aselo, Santa Potamia, Santa Áurea y otros muchos.

San Millán durante su vida hizo muchos milagros: dio salud a los enfermos, curó paralíticos, dio vista a los ciegos, dio vida a los muertos. Queridos romeros, todo el que acudía a él con fe lo sanaba, lo curaba, muriendo el año quinientos setenta y cuatro a la edad de ciento y un años.

No sólo durante su vida, sino que después de muerto socorrió a las almas cristianas visiblemente contra los moros en cuatro ocasiones distintas. En la batalla de Hacinas o Cascajares en Burgos, era el año 938, se aparece a caballo con la espada y se pone a la cabeza del ejército, penetrando por entre todos los moros, ganando la batalla, como lo demuestra, nos lo revela el cuadro que hay en el retablo de encima del altar mayor de la iglesia del convento. El año 939, en la de Simancas contra Abderraman III el Grande. El año 1045 en el cerco de Calahorra, estando las tropas perdidas, cercadas por el enemigo, se aparece San Millán y les dice: No temáis, el Señor me manda, me envía en vuestro auxilio. Se pone a la cabeza del ejército, lo siguen, rompen el cerco, ganando también la batalla. Del año 1342 a 1344 en el sitio de Algeciras. El conde Fernán González le proclamó patrón de Castilla y le otorgó sus famosos votos que fueron confirmados por los demás monarcas sucesivos hasta principios del siglo XIX. En época de elegir patrón de España se han divido los que querían fuese San Millán y los que querían fuese Santiago. Lo hicieron a éste por ser apóstol. Fue tanta la devoción al santo que pasan de cien los monasterios fundados por los monjes de San Millán y de ciento cincuenta los hospitales.

San Millán es el santo más riojano y el riojano más santo que hay en el cielo. San Millán es un lucero esplendente de gran dimensión que brilla en el cielo con lo que el Señor premia a su siervo que llamamos santo. Y por qué. Por su fe y sus virtudes. Y correrá el tiempo. Nuestra vida en la tierra es muy corta. Pasarán los siglos, se acabarán las generaciones, y las grandezas y las glorias de San Millán no se borraran jamás.

Imitad, imitemos todos a nuestro patrón San Millán.

San Millán hace más de catorce siglos que murió. Pero San Millán no ha muerto. San Millán vive en nuestros corazones y su voz se oye no sólo por toda España sino por todas las partes del mundo.

Yo he visto, yo lo he visto, he visto a personas que han venido a visitar el monasterio que él fundó. Personas de toda España, de Francia, de Alemania, de la Argentina, de Méjico, de Chile. Eso lo he visto yo. Ahora, de eso os podría decir más el guarda que lo cuida.

Ahora voy a pedir a San Millán ruegue, pida, interceda por nosotros.

San Millán bendito, en primer lugar pide por nuestro cura párroco. Dale el acierto para cumplir con su misión, para poder sobrellevar esa carga tan pesada que tiene sobre nosotros. Y si hubiera alguna oveja descarriada del redil de su rebaño, ayúdale a convertirla, a que se convierta y a entrar así en el rebaño.

Pide por esos padres misioneros que van a lejanas tierras a convertir infieles, a ganar almas para el cielo. Pide por nuestro ayuntamiento. Pide por la guardia civil. Pide, pide por todos los ancianos y enfermos del pueblo y del valle. Pide por ellos para que recobren ahora la salud. Por todos los hijos que están fuera de sus casas, en España y en otras naciones. Pide por ellos. Dales salud a todos para que vuelvan a ver y abrazar a sus familias. Pide por los forasteros. Pide por sus familias. Pide por todos los romeros.

Si saliera alguna nube, si se formara la tormenta amenazadora de piedra, con tu voz poderosa le dices: Detente, no bajes por esas tierras. A la tierra donde naciste y pasaste tu vida entera, guarda el ganado que pasta por estos montes. Ah, y también a los del poblado, guárdales las cosechas que tenemos en el campo para poder sostenernos y podernos alimentar.

Danos salud a todos para volver a esa cueva a visitarte otro año. San Millán, te pido para todos los romeros que nos conserves la fe y nos guíes para ti. San Millán bendito, te pido, te pido de corazón, a todos los que aquí estamos, échanos la bendición.

Bendice nuestras casas, bendice nuestras familias. Quiero, señor, que en el cielo te veamos algún día.

Ahora os voy a pedir yo a vosotros. Como yo le he pedido a San Millán por todos vosotros y por vuestras familias, quiero que todos vosotros le pidáis a San Millán por mí. Y que esta costumbre que no se pierda en nuestro pueblo, que haya uno entre vosotros que me siga como yo he seguido a los ancianos. Que esta costumbre que no se pierda en nuestro pueblo.

Que nuestro pueblo, el pueblo de San Millán, en cuestión de romería, ya ha él numero primero, o sea, el numero uno.

Escuchad. ¿No veis cómo nuestro digno párroco sube todos los años a celebrar misa a esa cueva santa? Es padre de nuestras almas, nuestro guía, nuestro pastor. Hasta los animales nos dan ejemplo. ¿No veis como el pastor llama a sus ovejas, corren todas hacia él, lo siguen y las lleva donde él quiere? Hagamos nosotros así: sigámosle, con respeto, con cariño, con amor, y si seguimos sus consejos y hacemos lo que nos dice, ganaremos el cielo como lo ganó nuestro patrón San Millán, que es lo que para todos deseo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

VERSOS A SAN MILLÁN COMPUESTOS POR GORGONIO AYALA, NATURAL DE BADARÁN

Los pueblos cercanos a San Millán de la Cogolla también han venerado al santo emilianense. Siguiendo con la vieja tradición de poetas y juglares populares que han glosado la vida del santo hemos hallado recientemente los versos que un hombre de Badarán compuso hace muchas décadas. Gorgonio Ayala nació en 1864 y murió en 1945, devoto como era de San Millán se inspiró con estos versos que recitó en la propia cueva de los romeros.

Tres cosas hay en el valle
que relumbran más que el sol
San Millán y San Aselo
y Gonzalo de Berceo
el primero que escribió
el idioma castellano.
En Suso fuistes penitente
en Berceo sacerdote
y en Cantabria embajador.
A Cantabria te mandó
el Divino Redentor
a decirles que creyesen
en Cristo Nuestro Señor.
Pero al verte tan anciano
uno llegó a comprender
que serían ilusiones
y no te quiso creer.
Pero tú le dijiste:
muy pronto morirás
y servirás de escarmiento
para toda la ciudad.
En Berceo
el caballo te robaron
pero al faltarles la vista
otra vez te lo entregaron.
En esta cueva estuviste
cuarenta años, Millán,
pero ahora ya te vemos
colocado en el altar.
Entre reyes y obispos
tus restos quisieron llevar
a un convento que aún existe
Santa María la Real.
Pero tú, que prometiste
este valle contemplar
no hubo fuerzas humanas
que te pudieran llevar.