Riojarchivo

 

Título: Jotas de ronda III
Clasificación: Cancionero
Localidad: Anguiano
Informante: Vicente Muñoz Neila Lobarnio
Recopiladores: Helena Ortiz Viana y Luis Ángel Bretón Toyas
Lugar y fecha de grabación: Anguiano, 14 de febrero de 2010


Los mozos salían a rondar a las mozas por el pueblo y dedicaban las primeras letras bien al alcalde, a los concejales, a los jefes de la hermandad… Así parece que conseguían  el beneplácito de las autoridades. Además pregonaban que la ronda era muy formal, eso sí, «si nadie se metía con ella».

Sale la ronda a la calle
con mucha formalidad,
nadie se meta con ella,
que ella no se meterá.

Sale la ronda a rondar
con permiso del alcalde,
el jefe de la hermandad
y de todos los concejales.

Esta es la calle que rondo,
la calle del remolino,
donde se remolinea
tu corazón con el mío.

Aunque vives en Rincón
no vives arrinconada
que te marchas to los días
a donde te da a ti la gana.

Bendito Santo Tomás,
vecino del barrio de Eras,
te venimos a cantar
los borrachones de Cuevas.

Esta copla nos habla de dos barrios de Anguiano, el de Cuevas y el de Eras. Hay un tercero, el central, que es llamado Mediavilla.

Las disputas entre los tres barrios fueron antiguamente notables. Un dicho nos recuerda que en Anguiano hay «tres barrios, tres puentes, tres clases de gentes; unos ladran, otros muerden y otros ni Dios los entiende.»

A los vecinos del barrio de Cuevas, el resto de habitantes los llamaban los árabes, incluso se consideraba que tenían la cara un poco aceitunada y los ojos grandes. Se dice, además, que su puente lo construyeron los moros y que en Cuevas está “el salón de los moros”. Se les acusa de ser más rudos, incultos y que tenían costumbres religiosas diferenciadas o no aceptadas por los otros barrios, hablaban diferente, según la opinión de los del barrio de la Mediavilla. Sin embargo parece que estaban más unidos, no tenían peleas entre sí sino contra los otros barrios.

Sobre el origen del barrio de Cuevas hay una leyenda popular que habla de un poblado situado unos kilómetros más abajo siguiendo el curso del Najerilla cuyos habitantes tuvieron que abandonarlo “por una invasión de hormigas”. La leyenda, una vez más, apunta pero no da. El motivo de la invasión de hormigas es un motivo legendario pero sí es cierto que hubo un pueblo que desapareció y que sus habitantes migraron al barrio de Cuevas, así nos lo cuenta el historiador Alejandro Pérez Alonso:

“El pueblo de Villanueva se hallaba más cerca de Bobadilla que de Anguiano, y estaba dividido por el río Najerilla en dos barrios; el uno era Villanueva propiamente dicho, y otro el denominado Las Cuevas (la Larga y la Negra) que se encontraba a la derecha del río.

Los habitantes del barrio de la izquierda, se trasladaron a Las Cuevas a principios de s. XIV lo cual se desprende del privilegio de Fernando IV dado el 7 de Mayo de 1301 por el que se exime de todo tributo a veinte pobladores que quisieran establecerse en la Granja de Villanueva.

Los vecinos de Las Cuevas emigraron también y sucesivamente a Anguiano, de tal manera, que a mediados del s. XVII, no quedó un solo habitante; hecho que el Rvmo. Urcey considera como efecto del continuo batallar de las villas de Matute, Tobía y Anguiano con Valvanera cuyas consecuencias, por demás enojosas, las habían de pagar ordinariamente los moradores de Villanueva, súbditos del monasterio y situados -digámoslo así- en medio del campo de combate.”

Alejandro Pérez Alonso. Historia de la Real Abadía de Nuestra Señora de Valvanera en La Rioja. I.E.R. Gijón. 1971. Pág: 74.

Sobre los enfrentamientos en las rondas de mozos

Las rondas de mozos han sido en Anguiano –y en muchos otros lugares de La Rioja– motivo frecuente de disputas que han llegado en ocasiones a la muerte. El periódico La Rioja de fecha 14 de abril de 1889 (Nº 76) nos cuenta que:

“Según nuestros informes, hace días que por cuestión de mozos, rondas y cosas tan baladís, el vecindario de la villa de Anguiano, se encuentra dividido, y no en divisiones muy pacíficas, notándose mil síntomas que si hoy parecen ser insignificantes, podrían dar por resultado a lo mejor, más de una sangrienta colisión.

La fuerza de guardia civil que cubre aquella carrera debería en nuestro concepto aumentarse, porque es poca, y además tiene largo recorrido donde presta su servicio.”

Julián Muñoz Rueda, vecino del barrio de Cuevas, guardaba en su casa una guitarra que tenía una historia penosa. Hacia el año 1910 una cuadrilla de mozos compró una guitarra con la que salían de ronda los sábados por la noche. Como todos la sabían tañer, aunque no fuera más que el simple ritmo ternario del treinta y tres, cada sábado la tocaba uno, por turnos. Un día dos mozos discutieron a quién le correspondía, discusión que acabó a tiros, uno de ellos murió de un trabucazo en el pecho. El homicida estuvo muchos años en la cárcel; al salir lloraba sus penas rogando a los mozos del pueblo que no repitieran la historia que él había protagonizado. La guitarra se cayó de las manos del mozo herido de muerte y se rajó en el suelo. La cuadrilla se disolvió y la guitarra la rifaron entre todos, le tocó al padre de Julián, éste la heredó y la ha conservado toda su vida, polvorienta y atacada por la polilla porque su progenitor prohibió a sus hijos, amigos y conocidos que aquella maldita guitarra volviera a sonar.

Informe recogido en Anguiano por Javier Asensio García el 23 de mayo de 1998. Informa Julián Muñoz Rueda (unos 75 años).

Bibliografía:

    Ursula Helwig de Echauri, “Anguiano: Los tres barrios», en Etnología y tradiciones populares, C.S.I.C., Zaragoza, 1969, páginas 161-167.