Riojarchivo

 

Título: Las liebres del tío Marcelino
Clasificación: Cuentos
Localidad: Navalsaz
Informante: Benito Martínez Martínez (29-6-1927)
Recopiladores: Javier Asensio García, Julián Tomás Las Heras, Helena Ortiz Viana y José Antonio Martínez Porras Chirri
Lugar y fecha de grabación: Navalsaz, 4 de agosto de 2002
Catalogación: Aarne–Thompson 1890D, El disparo de la baqueta; Aarne–Thompson: 1890F, El tiro afortunado: formas misceláneas

 
“Los cazadores iban ahí detrás, donde Armejún ya, en Soria, que está en la otra vertiente, y hay una dehesa de robles que era de Armejún, que los robles están allá, y iba de caza el tio Marcelino por ahí, entonces las escopetas eran de baqueta, se cargaban por el caño. Y el hombre llevaba la pólvora en un cuerno y los perdigones los llevaba en otro, pero se le habían terminao los perdigones. Y por el rastro, por la nieve se sigue muy bien el rastro de la liebre, y él lo iba siguiendo, pero como no tenía perdigones, pues se quitó una bota, y en la bota llevaba unas tachuelas, en el tacón de la bota. Las sacó con la navaja y cargó con tres o cuatro tachuelas, cargó la escopeta. Va siguiendo la liebre, sale la liebre, se echa la escopeta a la cara, ¡catapán!, le pegó en todas las orejas con tanta suerte que las chinchetas se clavaron en el tronco de un roble, y allá se quedó la liebre enganchada de las orejas en el tronco del roble. Fue y la cogió y a casa. Pero esto… no le dijeras que era mentira ¡eh!, que se enfadaba aquel hombre, ¡joer!…

Vivía ahí, ahí delante, más allá de la plaza, vivía ahí, y los cazadores, por regla general, aumentan mucho las cosas y dicen alguna mentira. Una vez estaba él en la cama y ahí en la Umbría, enfrente, y desde la cama veía la liebre, del frío que hacía veía cómo respiraba la liebre, el aliento de la liebre lo veía, él, que estaba en esta banda de acá. Y pasó, la cogió de las orejas, y a casa.

Y una vez, el tio Marcelino, iba de caza por ahí arriba y ve un zorro que estaba arrascándose los cataplines. Se echa la escopeta a la cara, ¡cataplán!, y dice:

–El marchó, pero los cataplines allá los dejó.

Y era muy buena persona el tio Marcelino, y decía que las liebres que él había matao no cabían en un vagón de tren.”

Bibliografía:

  • Javier Asensio García, Cuentos riojanos de tradición oral, Piedra de Rayo, Logroño, 2004.