Riojarchivo

 

Título: Rosario de ánimas en Villavelayo
Clasificación: Cancionero religioso
Localidad: Villavelayo
Informante: Marino Herrero Ballesteros (18-6-1930)
Recopiladores: Javier Asensio García
Lugar y fecha de recogida: Logroño, 30 de septiembre de 2016


Por las ánimas benditas,
todos debemos rogar,
que Dios las saque de pena
y las lleve a descansar.
Ánimas habéis de ser
como las que están penando,
no las dejéis que padezcan
pudiendo darles la mano,
que no sabéis si serán
tus padres, hijos o hermanos.
Por las ánimas benditas
todos debemos rogar,
que Dios las saque de pena
y las lleve a descansar.
¡Ay, qué fuego tan tenaz
en ese lugar se encierra!,
una centella no más,
abrasaría la tierra.

Marino Herrero recuerda con lucidez y detalle todo el ciclo festivo de su pueblo. La noche que va del día uno de noviembre (festividad de Todos Santos) a la del dos (Conmemoración de los fieles difuntos) es llamada comunmente Noche de difuntos o Noche de las ánimas. Había una creencia que hoy ha sido rechazada por la doctrina oficial de la iglesia y que cuesta entender con la luz de la razón: las almas de los difuntos que no estaban en el cielo ni en el infierno se ubicaban en un lugar llamado purgatorio donde purgaban sus pecados antes de ascender a los cielos. Para sacar al pariente de allí, un lugar penosísimo, los familiares debían rezar continuamente ‘por el alma’ del fallecido. Se creía que esa noche, las ánimas salían del cementerio implorando a familiares y vecinos el rezo de las oraciones que les faltaban para salir del purgatorio.

El rosario de ánimas que se celebraba en muchos pueblos contenía a veces canciones con letra de lenguaje popular. Otras costumbres completaban un ambiente tétrico: los niños llevaban calabazas con velas encendidas en su interior, en algunos lugares era la única luz que iluminaba las calles durante la tarde y noche, y terminaban depositándolas en la entrada del cementerio. En muchos pueblos de la sierra, la sociedad de mozos, animados con una cántara de vino, subían al campanario a tocar las campanas a muerto para guiar con sus sones a las ánimas que salían del cementerio.