Riojarchivo

 

Título: El pago del piso en tierras sorianas
Clasificación: Testimonios etnográficos
Localidad: Vea de San Pedro
Informantes: Genaro Hernández León (10-7-1921), Piedad Hernández Las Heras (9-2-1925) y Nicolasa Hernández Pascual (2-6-1929)
Recopilador: Javier Asensio García
Lugar y fecha de recogida: Villamediana de Iregua, 18 de abril de 2001

 
Las comarcas serranas han sido de costumbres más arcaizantes, mientras que las de los valles, al menos en nuestro entorno, han estado más abiertas a cambios en los comportamientos sociales. En las tierras sorianas de las cuencas altas de los ríos Alhama, Linares y Cidacos, las sociedades de mozos exigían a los mozos de otro pueblo que cortejaban a alguna chica del lugar el pago de una cantidad de dinero que era algo más que simbólica. A veces se ha interpretado esta costumbre como muestra de endogamia, sin embargo, cuando preguntas a las personas que vivieron tal costumbre el por qué de la misma te dan explicaciones más de tipo moral como «era para que se tomase en serio el noviazgo» o «para que no se rieran de la chica».

El pago del piso era una norma que las sociedades de mozos cumplían con un rigor extremo. El caso que nos ocupa fue un ejemplo de un auténtico choque cultural: un mozo del valle del Ebro, de la moderna ciudad de Calahorra, que pretendió a una chica de Vea de San Pedro (Alto Linares, Soria) no entendía la costumbre del piso ni aceptaba que tuviera que pagar por alternar con una chica de ese pueblo.

Los mozos le hicieron pagar en Vea a la fuerza, pero cuando algunos mozos de Vea bajaron a la feria de Calahorra a vender o cambiar sus productos, Félix, el novio de Caya, así se llamaba la joven serrana, y unos amigos les obligaron, también por la fuerza y bajo amenazas, a devolverles las quince pesetas que habían pagado en Vea.

La cosa no terminó aquí: Una vez que los novios, ya casados, subieron de Calahorra a Vea, los mozos de este pueblo volvieron a obligar al calahorrano, con mayores amenazas todavía, que devolviera las quince pesetas del «piso». Félix tuvo que pagar. Se bajaron de nuevo a Calahorra y nunca más volvieron al pueblo. Un familiar que les ayudó a transportar algunos bienes fue castigado por el resto de los mozos, lo echaron de la cuadrilla. Los padres de Caya se bajaron a vivir a Calahorra con su hija, algunos dicen que los despacharon del pueblo.

Así se las gastaban en tierras sorianas con un rito que consideraban sagrado. Hoy la costumbre ha desaparecido de las tierras altas sorianas, sobre todo porque, como en el caso de Vea de San Pedro, también han desaparecido los pueblos donde se practicaba. Pese a ello, aún parecen resonar entre las paredes de piedra todavía bien aplomadas, los ecos de un romance que los mozos de Vea compusieron para recordar la afrenta que sufieron en Calahorra:

Estaba Félix Alfaro
con su cuñadito Celso,
hablaron no nos hablaron
pero sí nos persiguieron
hasta que cogieron fuerza
y unos cinco compañeros.
Nos llevaron a la estación
y allí nos obligaron
a pagar quince pesetas
y, si no, llevamos palos…

Las sociedades de mozos de los pueblos serranos de la provincia de Logroño también tenían normas rígidas pero entre ellas no figuraba el pago de ningún piso por cortejar a una chica del pueblo.

Donde sí se daba el «pago del piso» era en La Maragatería leonesa, así nos lo cuenta un estudioso de la comarca:

«La ceremonia de las cintas consiste primero en una cena con la que el novio ha de obsequiar a los demás mozos del pueblo y a la que ha de asistir – como invitado de privilegio- el último varón que en el pueblo se haya casado, constituyendo una especie de despedida de soltero que, en el caso de ser el novio forastero, se sustituye por el ‘pago del piso’ -convite del novio a los mozos del pueblo y abono a ellos de un tributo por permitirle cortejar a la novia-.»

(Luis Alonso Luengo, Los Maragatos. Su origen, su estirpe, sus modos, ed. Nebrija, León, 1981, página 27)

Bibliografía:

  • María Isabel Jociles Rubio, Niños, mozos y casados a través de sus fiestas en La Rioja, Gobierno de La Rioja – IER, Logroño, 1992.