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Itako Título: Albadas de Navalsaz
Clasificación: Cancionero
Localidad: Navalsaz
Informantes: Bernabé Martínez Eras (24-12-1927)
Recopilador: Javier Asensio García
Lugar y fecha de recogida: Logroño, 19 de diciembre de 2001

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subiaco incontri mistress Arriba paloma y sube
que te quiero ver la liga
y te quiero conocer
para cuando seas mía.

Debajo de tu ventana
puso la perdiz el nido
y yo como perdigano
a tu ventana he venido.

Asómate a esa ventana
y verás la calle llena,
de mocitos labradores
alguno habrá que te quiera.

Dicen que tú no me quieres
y que te tengo que dar
pues cásate con el reloj
que a todas las horas da.

Muy interesante el testimonio de Bernabé sobre el intercambio de coplas entre las jotas de ronda y las albadas. En realidad no es que para el canto de las albadas valiera la letra de cualquier jota, mejor habría que decir que siendo las albadas un género poético y musical anterior a la jota, cuando las jotas de ronda se extendieron por media España recogieron bastantes letras de las antiguas albadas y se acoplaron a las nuevas melodías de jota.

Como hemos visto en otros casos -alboradas de Grañón, albadas de Grávalos, enramadas de Pinillos, canciones de quintos en Cameros– la melodía de estos cantos, equiparables al genérico de albadas, es sencilla y bella a la vez. Los mozos iban cantando al unísono y los músicos de viento -la dulzaina o el clarinete más el tambor- repetían la misma melodía. Son tonadas muy antiguas y datadas con el nombre de albadas o alboradas en La Rioja ya en el siglo XV.

La llegada de las jotas de ronda fue más tardía, entre finales del siglo XVIII y todo el XIX, y llegaron a los pueblos de la región acompañadas de los instrumentos de cuerda, sobre todo la guitarra, la bandurria, el laúd y el violín. En la mayoría de los casos las jotas de ronda desplazaron a los otros géneros musicales tradicionales de las rondas de mozos pero gracias a pueblos de tradición arcaizante como Navalsaz donde se ha conservado hasta más tardíamente la costumbre y el recuerdos de las albadas hemos podido recuperar estas viejas tonadas.

Las jotas de ronda también llegaron a Navalsaz. Los mayores del pueblo recuerdan las rondas de cuerda del tío Perdigano y de Tomás que acompañaban a los mozos con sus guitarras para rondar a las mozas.

El canto de albadas se conservó en Navalsaz gracias a la pervivencia de una institución social propia de los pueblos serranos como era la de las sociedades de mozos, sociedades que en Navalsaz y en en el resto de los pueblos del Vacirbe –Poyales, El Villar y Garranzo– llamaban mozadas con un funcionamiento muy parecido en los cuatro lugares y normas muy ritualizadas que se repetían año tras año sin variación.

La fiesta propia de los mozos en Navalsaz era la de la Virgen del Rosario, el primer domingo de octubre.
La fiesta comenzaba el día anterior, sábado, con las vísperas y terminaba el lunes. Eran en total tres días en los que los mozos eran los protagonistas. La música la ponían ellos. Iban a buscar a los gaiteros -una gaita o clarinete y el redoblante- y los pagaban a escote. La madre de uno de los mozos hacía de patrona y en su casa alojaba y daba de comer a los músicos durante los tres días. El último día, lunes, los mozos iban de caza por la mañana y con lo obtenido preparaban por la tarde una buena merienda. Si no habían tenido éxito en la caza guisaban una oveja. Ese día habían ajustado con los gaiteros medio jornal. La mañana del domingo de la Virgen del Rosario salían a cantar las albadas a las mozas. Los mozos cantaban la tonada y los gaiteros los acompañaban repitiéndola. Si por la razón que fuera los gaiteros eran nuevos estos estaban obligados a aprender la sencilla tonada de las albadas. Una vez llegó al pueblo uno de San Vicente de Munilla que no conocía la fiesta y uno que sabía música le dijo tras varios intentos infructuosos: “tienes que empezar en Re”.

Fueron varios los gaiteros que acudían a la fiesta de los mozos en Navalsaz. Los más famosos de la comarca eran los gaiteros de Yanguas, Félix Palacios Zabalza y sus hijos, “los que más aguantaban”. Pero también, por cercanía, Santos, gaitero de Garranzo, con Indalecio de Lería al tambor. Félix Palacios de Yanguas tocaba indistintamente la gaita -dulzaina- y el clarinete; Santos de Garranzo, como vemos en la fotografía, tocaba solo el clarinete. Ambos instrumentos acompañaban muy bien a la tonada de las albadas.

Santos, gaitero de Garranzo, e Indalecio al tambor en la procesión de Santiago de Navalsaz

Glosario:
Perdigano: Pichón, cría de la perdiz; en otros lugares de La Rioja es llamado perdigacho y perdiguín.