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crise de ansiedade apos termino de namoro Título: El ciclo agrario en Alcanadre
Clasificación: Testimonios etnográficos, testimonios vitales
Localidad: Alcanadre
Informantes: Juan Mariano Gil Ochagavía (24-6-1942)
Recopiladores: Helena Ortiz Viana, Javier Asensio García y Práxedes Maestre Mateo
Lugar y fecha de recogida: Alcanadre, 11 de noviembre de 2018

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El municipio de Alcanadre tiene un término municipal muy extenso y en él hay toda clase de cultivos. En el secano se daba el trigo, el centeno, que allí llaman morcazo, y la vid; en el feraz regadío junto al Ebro hermosas huertas de frutas y hortalizas. El ciclo agrario anual estaba muy regulado por la costumbre. El uno de marzo, llamado en el calendario agrícola el día del ángel, como los días eran más largos y se podía trabajar más tiempo en las tierras de secano, empezaban las siestas en el campo. Se labraban las viñas y se acollaban.

https://mimetrica.com/13-cat/dating_47.html El 15 de mayo, San Isidro, empezaban las madrugadas y el trabajo de sol a sol. Los labradores se levantaban de la cama con tal precisión que en el momento de la amanecida ya estaban en el campo dispuestos a trabajar. Después de laborar las tierras regresaban pronto al pueblo para que en las horas más fuertes de calor estuvieran comiendo en casa y después echarse la siesta, dos horas para ambas cosas. A las cuatro bajaban al regadío para escardar o darle al azadón hasta el anochecer. Dura vida la del agricultor en un pueblo con tanta tierra productiva. Había días que se agolpaban unas faenas con otras.

Juan Mariano vivió en primera persona los trabajos del campo y nos relata magníficamente cómo se organizaba el ciclo de las cosechas anuales. Recuerda con envidia la vida de los estudiantes, que apenas se relacionaban con el resto de jóvenes del pueblo, sobre todo cuando a él le tocaba madrugar y veía que ellos se iban a casa a dormir. En las idas y venidas a parajes tan lejanos como La Mesa, los campesinos aprovechaban para dormir en el carro. Tanto cansancio y sueño tenían que el ruido y los vaivenes de las llantas de hierro transitando por caminos de piedra llenos de baches no les impedían dormir.

Bibliografía:

  • Emilio Barco Royo, Donde viven los caracoles. De campesinos, paisajes y pueblos, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2019.