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chicas con su novio  

Chignahuapan Título: La Gaita vieja de Cervera
Clasificación: Danzas procesionales
Localidad: Cervera del Río Alhama
Informantes: Diego Jiménez Berdonces (gaita), Juan I. Peñalva León (gaita) y Mikel Garagarza (tambor)
Recopiladores: Helena Ortiz Viana y Javier Asensio García
Lugar y fecha de recogida: Arnedo, 7 de junio de 2011

Fichē  

Bassila La danza de Cervera del Río Alhama es una de las más originales de España y es que no hay en ella nada parecido a los troqueados del resto de La Rioja ni a los paloteados de las regiones limítrofes. Se caracteriza por su mayor número de danzadores –nunca fijo y siempre, al menos, de dieciocho danzadores– y por todas esas figuras que van componiendo: letras, cruces, tijeras, corroncho, caballos, estrella, culebra, ribazos y los borrachos.

La llamada «Gaita vieja» es una melodía felizmente recuperada ya que dejó de interpretarse durante decenios y la partitura apareció de un modo casual. Está estrechamente relacionada con el cuento que contaremos más abajo.

Los danzadores visten pantalón y camisa blanca, sobre la que se cruzan dos pañuelos anudados en el pecho. En la cintura llevan unas grandes fajas rojas o azules, algunas bordadas primorosamente, igual que las zapatillas blancas, antiguamente bordadas con diferentes motivos.

Las citas documentales de la danza en Cervera nos hablan del simple, bobo o gracioso, figura desaparecida en la danza actual y que no es otra que el cachibirrio o zurrimoscas de las danzas riojanas actuales. En el libro de cuentas de la parroquia de San Gil del año 1570 se dice:

«ítem que gastó cinco reales en hacer y deshacer los tablados y en ir a por un sayal para el que hacía de simple o gracioso en las fiestas».

En 1593 la nota del libro de cuentas dice así:

«ítem que se gastó en la fiesta de San Gil y en hacer los tablados y dar de beber a danzadores, diez reales.»

En la parroquia de Santa Ana la primera referencia aparece en el libro I de fábrica acerca de los gastos de fiestas de 1604:

«ítem se reciben en data y pasan en cuenta cien reales que pagó en dos comedias y sacarlos, y en los juglares y danzadores y otros gastos. Digo que esta partida no la quisieron pasar en cuenta sino que el Mayordomo lo pague de su casa. Mayordomo Juan de Orozco.»

Otra nota aparece en el libro III de fábrica de esta misma parroquia fechado en 1660:

«Sayo del Bobo. ítem se le reciben en data mil quinientos y treinta maravedíes por tantos que se gastaron para hacer un sayo para el gracioso».

En el año 1703 llegan a Cervera los danzadores valencianos para honrar a la Virgen del Monte:

«ítem ciento veinte reales que se dieron a los valencianos que vinieron a la fiesta de Nuestra Señora».

También son varias las citas detalladas de la danza durante las fiestas celebradas en Cervera del Río Alhama con motivo de la colocación del Escudo de las Reales Armas sobre la puerta de la Real Fábrica de Lonas.

A esta combinación de elementos tan variados hay que añadir un cuento viejísimo que se ha pegado a la danza cerverana hasta, sorprendentemente, trastocar su propia nomenclatura.

Un capricho del peculiar dialecto cerverano podría ser la primera explicación de por qué a la danza se le llama gaita y a los danzadores gaiteros. Una vez desplazados esos nombres se entendería que a los gaiteros se les llame dulzaineros y a la gaita chuflaina. Ese cambio no es algo banal y la razón de ser del mismo ha estado a punto de olvidarse sino hubiera sido porque Flores La Teleta conserva en su memoria el recuerdo de un cuento que, hace ya muchos años, oyó a la tía Goya. Y es aquí donde, de nuevo, la danza de Cervera se nos presenta con toda su originalidad:

«En Tarazona había dos hermanos que eran pastores y seguramenti que sucedió esu pues como ahora sucede pues a lo mejol sucedió. A uno de ellus le robaron y cuando oyú que venía el hermanu se puso a cantar:

–Hermano Manuel
no vayas al corral
que hay siete ladrones
y te van a matal.
La cabra blanca
la tienen pa almolzal
y la cabra negra
la tienen pa cenal.


Esta canción la cantaba la tia Goya. Cuandu llegaban los gaiteros al Rollo, el día de Santa Ana, cogía la bandera de la danza y se ponía a bailar tocandu las pulgaretas con muchu saleru ¡eh! Y ella nos decía que escuchásemos la gaita (instrumento), porque la gaita hablaba.» (Flores Jiménez Medrano Teleta. 25 de febrero de 2001).

Es fácil imaginarse el desenlace del cuento: Manuel oyó lo que la gaita decía y con esa prevención pudo buscar ayuda, detener a los ladrones y salvarse a sí mismo y a su hermano. Y es que, efectivamente, una de las melodías de la danza de Cervera coincide con la tonadilla de la canción anterior. Por lo tanto, la danza de la «gaita» recuerda a esa gaita salvadora y los danzadores «gaiteros» recuerdan a los dos hermanos de este viejísimo cuento y motivo folklórico.

Puede escucharse en el CD de los propios músicos, Gaiteros de Arnedo y Cervera del Río Alhama, Por ahí va la gaita. Colección Música tradicional y cultura oral de La Rioja, vol. 7. Edición de Espiral Folk de Alberite – Piedra de Rayo – Caja de Ahorros de Navarra – Quela Records. Logroño. 2010.


Valagaita

 

Paralelos:

El cuento es el mismo que el que en Viniegra de Arriba explica cómo los pastores se deshicieron de los ladrones gracias a la melodía de un rabel:

http://www.riojarchivo.com/el-rabelista-delata-a-los-ladrones

Bibliografía:

  • José Manuel San Baldomero Úcar, Ensayos de antropología cultural e historia sobre Cervera del Rio Alhama. Gobierno de La Rioja. Logroño. 1991.
  • Diego Jiménez Berdonces, «La gaita, danza tradicional de Cervera del Río Alhama» en La danza riojana. Historia, sociedad y límites geográficos. Espiral Folk. Alberite. 2001.
  • Javier Asensio García. Cuentos riojanos de tradición oral. Editorial Piedra de Rayo. Logroño. 2004.