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Título: El crimen de Irún |
Con humildad y paciencia le suplico a Dios del cielo
que me ayude a explicar este lastimoso suceso.
El hecho pasó en Irún, último pueblo de España
y para darles más señas está rayando con Francia.
El día veinte de abril en dicho pueblo ocurrió
un crimen fatal y triste que enternece el corazón.
Un joven de veintiocho años por nombre tiene Grabriel
y ha cometido este crimen según lo dice el papel.
Con una joven muy rica llamada Demetria Hernández,
solo por el interés le hicieron casar sus padres.
Él nunca le tuvo amor y al verla se retiraba
porque estaba enamorado de la sirvienta de casa.
Sus padres cuando supieron que trata con la criada
pronto le dieron la cuenta y la despachan de casa
y advirtiéndole a este joven que si con ella se casa
lo desheredan de hijo y lo despachan de casa.
Ya se celebró la boda con grande acompañamiento,
avanzando ya que el acto la banda del regimiento.
Las alhajas de la novia valían treinta mil reales
que se las regaló un tío días antes de casarse.
De oro son los pendientes, los anillos y pulseras
y un collar todo cubierto de rubíes y de perlas.
Ya se celebró el día con el mayor regocijo
y el novio ya se encontraba serio y contrariadísimo.
La alegría de sus padres en luto se convirtió,
pues aquella misma noche la infeliz novia murió.
A las once de la noche terminaron de cenar,
retirándosen los novios y a la cama a descansar.
Y entraron al dormitorio y al quitarse las alhajas,
el novio como un león a Demetria despedaza,
la agarra de los cabellos le desenvaina un puñal
y le corta la cabeza, este odioso criminal.
Al otro día muy temprano ya se reunieron todos,
iban a dar la alborada a donde duermen los novios.
Y como tardaban tanto en levantarse los novios,
el padrino y la madrina entraron al dormitorio
y al ver allá una cabeza separada de su cuerpo,
salieron muy asustados, llorando con desconsuelo.
Corren todos sin tardar y a presenciar aquel cuadro
que da ganas de llorar a todo género humano.
Y los padres de la novia y al ver a su hija muerta
del susto que se llevaron desmayados, caen a tierra.
Dieron parte a la justicia y el juez vino sin tardar
y a presenciar aquel cuadro que daba miedo mirar.
Pero la Guardia Civil, al recibir la noticia,
marchan a San Sebastián y los cogen enseguida.
Allí fueron detenidos en un comercio lujoso,
al ir a vender las joyas para escapar presurosos.
–No me traten con rigor– decía él muy afligido.
–Que yo les declararé el crimen que he cometido–.
Mis padres tienen la culpa de verme yo aquí afrontado,
porque me hicieron casar con la mujer que he matado.
Y después de darle muerte, las alhajas le robé
y una vez que esto hice, ya presuroso escapé.
Y ahora que he sido cogido por mi desgraciada suerte,
ustedes me juzgarán si yo merezco la muerte.
La criada declaró que ya no sabía nada,
que marchándose a servir, él mismo se fue a buscarla.
Según tenemos noticias, la criada fue causante
de que matase a su esposa para irse a Buenos Aires.
Aquí termina la copla de este odioso criminal.
Según dicen en Irún, la muerte le causará.
También a los padres digo, no los caséis a la fuerza,
pues si dan palabra una, dejad que cumplan con ella.
También a los mozos digo, pensad lo que vais a hacer.
Si no queréis a una novia, no hagáis lo que hizo Grabriel.
Son tan precisos los datos de este romance de ciego que es más que probable que los hechos ocurrieran tal como el texto los describe. No sabemos en qué año sucedió pero suponemos que fue antes de la guerra civil, por el momento no hemos encontrado ningún rastro periodístico o judicial. El romance aparece ocasionalmente en las encuestas de la tradición oral moderna, se ha recogido en Olmedo (Valladolid), Quintanilla de Tres Barrios y Valdehumada (Burgos), las tres versiones y esta de Trevijano de Cameros son prácticamente idénticas.
Bibliografía:
- Javier Asensio García, Romancero general de La Rioja, Piedra de Rayo, Logroño, 2008.