Riojarchivo

York  

rencontre homme chretien Título: Arroyo claro, fuente serena
Clasificación: Cancionero
Localidad: Arnedo
Informante: Luz Divina Ruiz Ezquerro (9-9-1948)
Recopilador: Javier Asensio García
Lugar y fecha de recogida: Calahorra, 8 de noviembre de 2015

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Clearlake Arroyo claro,
fuente serena,
quién te lava el pañuelo
saber quisiera.
Me lo ha lavado
una serrana
en el arroyo claro
que corre el agua.

Los pañuelos eran prendas de adorno para hombres y mujeres. Las mozas solían lucir los llamados pañuelos de talle colocados sobre los hombros con un nudo graciosamente atado por delante. Los mozos tuvieron durante mucho tiempo la costumbre de colocarse el pañuelo alrededor de la cabeza. El ofrecimiento mutuo de los pañuelos formaba parte del galanteo entre mozos y mozas. Las mozas, como prueba de que la relación amorosa iba bien encaminada, solían lavar los pañuelos de sus novios.

La lírica popular nos lo recuerda:

Alla arriba, más arriba,
hay una fuente de oro
donde lavan las mocitas
los pañuelos de sus novios.

En esta calle vivía
la que me lavó el pañuelo,
la que nos dio calabazas
a mí y a mi compañero.
(Coplas recogidas en Barriomartín, Soria)

 

riojano

Tipo riojano en un grabado del siglo XIX. Lleva pañuelo anudado por detrás.

riojana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La riojana. Grabado de 1845.

«Vestían en mi juventud las labradoras, casi como las navarras y aragonesas de la ribera, unas sayas o zagalejos de bayeta, más o menos burda; las más pobres del color de la lana, y las que podían, de los colores más chillones: encarnado, verde, amarillo, morado o azul. No pasaban más arriba de las caderas, y no sé por qué las llamaban generalmente guardapies, pues los pies y una buena parte de las piernas quedaban muy graciosamente al descubierto. Un justillo, negro por lo común, ajustaba perfectamente el talle, y marcaba muy bien las formas superiores. En los días de fiesta lo cubrían con un pañuelo de color, y en la del Patrón del pueblo o en las grandes solemnidades de la Iglesia, en las bodas y bautizos, ostentaban las más majas un pañuelo de muselina blanca con unos nuditos, no más grandes que confites.»

(Salustiano de Olózaga, La mujer de Logroño. La Riojana, Ed. de Ernesto Reiner, 1991, facsímil de Panorama Español, 1845, página 107).

 
Bibliografía:

  • Mari Cruz Garrido Pascual, El corro de las niñas, el círculo de las mujeres: un repaso al juego del corro desde sus orígenes, Horas y horas, Madrid, 2010.