Riojarchivo

 

Título: Desventuras sexuales de un joven logroñés II
Clasificación: Cancionero
Localidad: Rincón de Olivedo
Informantes: Santos Forcada Cruz (1-11-1929), Rafael Forcada Díez (1-1-1932), Ramiro Jiménez Vidorreta «se caga en la cuneta» (15-4-1929) y Gregorio Garijo Díez (24-4-1936)
Recopiladores: Javier Asensio García, Helena Ortiz Viana, José Antonio Martínez Porras y Elena Quejada Sáez
Lugar y fecha de recogida: Rincón de Olivedo, 1 de mayo de 2001

 

Compañeros, daos cuenta
de lo que son las mujeres,
pretenciosas y engañosas
y amigas de hacer favores.
¡Ay tachún, ay tachún parabá!
¡Ay tachún, ay tachún parabá!
(Estribillo)
A mí me ha ocurrido un caso
que es muy grave de contar
con una chica muy guapa
que parecía formal.
¡Ay tachún…
Viéndola en el Espolón
el ojito le guiñé,
por la mirada que me hizo
embelesado quedé.
¡Ay tachún…
Al verle la simpatía
la paré pa preguntarle
y preparemos la cita
para la próxima tarde.
¡Ay tachún…
Y al atardecer siguiente
en Bergerón la esperaba,
venía bien peinadita
con las morreras pintadas.
¡Ay tachún…
También traía unos guantes
y en su cabeza un sombrero,
nos fuimos a pasear
al otro lado del Ebro.
¡Ay tachún…
Carretera de Laguardia
seguíamos paseando,
ya iba a anochecer
cuando la estaba besando.
¡Ay tachún…
Cogidita de la mano
pasemos el puente Hierro,
dentro de pocos momentos
comenzó nuestro magreo.
¡Ay tachún…
Con sus ojos arrullados
me miraba la bragueta,
yo la cogí de los muslos
y la tumbé en la cuneta.
¡Ay tachún…
Ella parecía loca
trabajando con mi cuerpo,
yo sudaba como un oso
con mi lapicero tieso.
¡Ay tachún…
Cuando ya nos rendiámos
volvimos al Espolón,
donde me estrechó la mano
y a su casa se marchó.
¡Ay tachún…
Cuatro días se pasaron
sin ninguna novedad,
al quinto por la mañana
ya no valía ni andar.
¡Ay tachún…
Tenía mi lapicero
toda la tinta borrosa
de tanto como había escrito
con aquella buena moza.
¡Ay tachún…
Caballos, potros y yeguas
a mis chismes atacaban,
si no es por las indiciones
en cuatro días me acaban.
¡Ay tachún…
Me cogen en la camilla,
me llevan al botiquín,
ya viene el cirujano
afilando el bisturín.
¡Ay tachún…
Por último me cortaron
media caña y un melón
y gracias al practicante
no me cortaron los dos.
¡Ay tachún…
Por eso os aconsejo
que si montáis a caballo,
aunque sea de confianza
llevad siempre guardabarros.
¡Ay tachún…
Aquí termina la historia
de vuestro amigo leal,
por fiarse de mujeres
se ha quedao sin material.
¡Ay tachún…
¡Venga vino con un jarro
y una merienda exquisita
y las mujeres pa un rato
si salen a la visita.
¡Ay tachún…

Hasta Rincón de Olivedo llegaron estas coplas del ¡Ay tachún! que cuentan la historia de un soldado logroñés –seguramente– que tuvo una relación sexual con una chica cerca del puente de Hierro y de resultas de aquello cogió la sífilis y tuvieron que amputarle medio lapicero y un testículo. La canción es muy graciosa aunque nos han contado que fue compuesta durante la guerra civil española por algunos soldados riojanos que estaban en el frente de batalla, un momento dramático para compensar con humor la absurdidad de la contienda civil.